La revolución de los activos privados: la nueva frontera de la inversión patrimonial
Durante mucho tiempo, los activos privados fueron un terreno reservado a grandes instituciones, fondos soberanos y planes de pensiones internacionales. Sin embargo, en los últimos años este tipo de inversión ha comenzado a abrirse paso entre patrimonios privados y clientes de banca privada en España. La tendencia es clara: cada vez más inversores buscan alternativas a los mercados tradicionales, con la promesa de mayor diversificación, descorrelación de activos y, sobre todo, rentabilidades superiores.
Según datos de la Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión (ASCRI), el mercado español de capital privado movilizó 6.538 millones de euros en 2024, lo que supone un descenso del 2,6 % respecto al año anterior. Aunque pueda parecer un freno, lo cierto es que refleja un cambio de estrategia: menos operaciones, pero de mayor tamaño, con un papel protagonista del capital extranjero, que representó el 73,5 % del total invertido.
El atractivo es evidente. Los activos privados ofrecen acceso a sectores en crecimiento, como la transición energética, las infraestructuras digitales o la biotecnología, que a menudo no cotizan en bolsa o lo hacen en fases muy maduras. Además, suelen tener menor correlación con los mercados bursátiles, lo que permite amortiguar caídas en épocas de volatilidad. No obstante, no todo es positivo. Estos vehículos exigen compromisos de capital a largo plazo, normalmente de entre cinco y diez años, y sus valoraciones son menos transparentes que las de los mercados cotizados. A ello se suma un nivel de comisiones considerable, con estructuras que incluyen gastos de gestión fijos y “carry” sobre beneficios.
La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha advertido en varias ocasiones de que se trata de productos complejos que no son aptos para todos los perfiles. Aun así, los bancos privados y gestoras internacionales están creando vehículos semilíquidos que permiten al inversor acceder con tickets más bajos y mayor flexibilidad. El Financial Times subrayaba recientemente que Europa está viviendo una democratización de los activos privados, gracias a nuevos fondos abiertos que permiten a los inversores particulares acceder con importes mínimos mucho menores a los que exigía el sector hace apenas una década.
La conclusión es clara: los activos privados representan una oportunidad para diversificar y acceder a rentabilidades que los mercados públicos difícilmente pueden replicar. Sin embargo, sólo son adecuados para quienes pueden asumir iliquidez, costes elevados y riesgos de valoración. Para un inversor patrimonial con horizonte a largo plazo y asesoramiento adecuado, se están convirtiendo en un pilar imprescindible de la estrategia de inversión.